Ducha

Y tú, ¿cómo te duchas?

Hace unos meses, cuando decidí dedicarme a mejorar la autoestima de las personas que acudieran a mí, empecé a analizar qué hacía yo a diario que pudiera influir en el amor, respeto y cuidado hacia mí misma. Y descubrí algo interesantísimo: la forma de ducharme.

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Lo habitual cuando tenemos prisa (y eso nos pasa, casi siempre por las mañanas porque apuramos al máximo las horas de sueño) es ducharnos a contrarreloj, acompañados de una multitud (nuestros jefes, proyectos, pareja, compañeros de trabajo,… ¡vaya overbooking!) y frotando como si quisiéramos sacarnos brillo.

Estaba en la ducha un día y me di cuenta que mi cabeza estaba llena de pensamientos que bailaban sin ton ni son y lo peor… ¡sin haber sido invitados!

Presté atención a qué pensamientos me rondaban y todos eran preocupaciones, problemas, situaciones que resolver, repasos de lo que una u otra persona me había dicho, etc. Es decir, uno de los momentos de mayor intimidad lo estaba estropeando con pensamientos negativos.

Y ahora, te pregunto a ti: ¿cómo te duchas? ¿Te frotas como si fueras una sartén sucia o te limpias suavemente como si fueras algo valioso que cuidar? ¿Aprovechas ese momento de intimidad contigo misma para ser tu centro de atención o lo perviertes y corrompes permitiendo la presencia de pensamientos negativos?

"Presté atención a qué pensamientos me rondaban y todos eran preocupaciones, problemas, situaciones que resolver, (...) uno de los momentos de mayor intimidad lo estaba estropeando con pensamientos negativos." Esto no ayuda a mejorar la autoestima.
¿Cómo te duchas?

Oye, mente… shhh

Para mí fue una sorpresa porque llevo mucho tiempo trabajando en mi propio desarrollo personal y en recorrer mi camino hacia lo que me hace feliz. Durante gran parte del día procuro ser consciente de qué historia me cuento y no le había prestado atención a esos momentos de gran intimidad.

Así que desde ese día, justo antes de meterme en la ducha, le digo a mi mente que por unos minutos la voy a dejar en standby, en pausa, que toda mi atención va a ir dirigida a mí misma, y me enfoco en el aquí y ahora, tratándome como me merezco: como una reina. Esto no significa que esté media hora en la ducha (soy muy consciente de que el agua es un recurso limitado y deberíamos ser más conscientes de su valía), tardo lo mismo. La diferencia está en el «cómo«. Me ducho y me seco con amor y cariño. Además, una vez a la semana me doy un capricho y uso un exfoliante que huele rico, procurando ser muy consciente de la sensación agradable de los gránulos rozando mi piel.

El reto…

¿Cómo voy a esperar que la gente me trate con cariño si yo no me trato con cariño? Estamos en lo mismo: esperando que los demás hagan algo que nosotras mismas no hacemos, que cubran nuestra necesidad de amor y cariño, que llenen un vacío que ni siquiera nosotras mismas sabemos cómo llenar.

Así que te propongo un RETO, a ver si te atreves. Durante 10 días, dedica las duchas a centrarte en ti. Aparta pensamientos negativos y si aparecen (lo harán créeme, sobre todo al principio… tu mente insistirá en seguir mandándotelos porque es así de puñetera), con amor y comprensión diles que esperen a cuando hayas terminado y vuelve a centrarte en ti. 

Esto forma parte del entrenamiento de actuar en lugar de reaccionar, pensar más en positivo que en negativo, evitar enfados absurdos,… y con la enorme ventaja de que, como lo haces en soledad, no necesitas avisar a nadie de qué estás haciendo. Es un cambio de hábitos que pasa desapercibido desde fuera, con lo que te ahorras las explicaciones que no quieras dar.

Tanto si te duchas por la mañana (condicionas también el resto de tu día) como por la noche (te ayudará a relajarte), puedes plantear la ducha como una meditación y practicar el aquí y ahora. Esto ayudará a mejorar y reforzar tu autoestima. Trátate con amor, cariño, suavidad, respeto, mimo… trátate como te mereces.

Y tú, ¿te habías planteado alguna vez cómo te duchas?

“¿Quieres cambiar tu futuro? Cambia tu presente. Si no sabes cómo, te ayudo.”

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